Hijas e hijos de personas en prisión: Cómo mejorar las relaciones familiares

Además de la violencia de género que enfrentan las mujeres en prisión, quienes ejercen la maternidad dentro de estos espacios se enfrentan a otro tipo de dificultades que, además de vulnerar sus derechos, limitan el desarrollo de sus hijas y/o hijos.

Cuando estos son menores de tres años, por derecho, las mujeres pueden elegir llevar su maternidad en reclusión. Aunque las condiciones de los espacios en los que sus hijos pasarán sus primeros años de vida, no suelen ser adecuadas ni dignas para las infancias y sus madres.

Falta de acceso a productos y servicios de higiene y salud básica, ambientes de violencia y falta de espacios de esparcimiento y recreación, son algunas de las situaciones que se les presentan y que contradicen el interés superior de la niñez.

Cuando las y los hijos son mayores de tres años, por lo general, algún familiar o persona cercana adquiere repentinamente la responsabilidad de su cuidado y en consecuencia no siempre cuentan con los recursos emocionales o económicos para garantizar su desarrollo integral.

Esto, sumado al impacto emocional que las niñas, niños y adolescentes viven ante la separación familiar y el estigma o discriminación al que se ven expuestos por la situación legal de su madre, padre o ambos, puede llegar a desencadenar trastornos emocionales, deserción escolar o conductas delictivas.

La necesidad de que el Estado garantice los derechos de quienes viven estas situaciones es indispensable, pero comenzar a empatizar y reducir el estigma que rodea a las y los hijos de personas en prisión es tarea de todas las personas quienes les rodean.

Una atención psicosocial eficaz permite que madres, padres, tutores, hijas e hijos, puedan construir una relación familiar sana que les ayude a superar las barreras a las que se enfrentan y prevenir cualquier conducta que ponga en riesgo la integridad de las infancias.

Algunas de las acciones que las y los tutores pueden llevar a cabo para mejorar las relaciones de las niñas, niños y adolescentes son, por ejemplo:

  • Guardar aquellos objetos preciados que le ayuden a recordar a su madre y/o padre.
  • Explicarles los cambios importantes, de acuerdo a su edad, para que puedan tener la oportunidad de experimentar las emociones.
  • Designar un espacio en casa para poder regular las emociones con objetos importantes que le ayuden a calmarse.
  • Dedicar un momento en el día para preguntarle cómo se siente.
  • Encontrar en conjunto la mejor manera de expresar sus emociones.